ué fiesta, diario, qué fiesta! Ayer lo pasamos genial celebrando el cumpleaños de mi dueño bebé, como ya te dije vinieron muchos de los amigos y familiares de mis dueños. Además de Rodolfo, con el que compartí toda una tarde de celebración. Imagina, al final acabamos los dos juntos en el jardín, con Orión y la gata Alfredo, compartiendo una amigable conversación, algo de merienda y, como no, unos cuantos lametones, que supieron más dulces que toda una caja de galletas de perro…

Y no te imaginas lo contento que estaba mi dueño bebé, al aluvión de regalos que le trajeron hubo que sumar la incontable sucesión de achuchones, abrazos y besos que le prodigaron los invitados, acabando tan feliz que se puso realmente triste cuando todos se marcharon. Aunque eso fue sólo durante un rato, poco después ya estaba jugando con Orión y conmigo con unos coches que le trajeron realmente graciosos y bien divertidos: los echaba hacia atrás, los soltaba… ¡y salían disparados más rápido que cualquier perro de la consulta del veterinario! Ni te imaginas lo bien que se lo pasó. Sobre todo cuando Orión se empeñaba en ir tras ellos ladrando como un histérico…


Artículos relacionados:

  1. Diario de una vida de perros: De vuelta de vacaciones
  2. Diario de una vida de perros: el escondite definitivo
  3. Diario de una vida de perros: Orión y las setas

Comentarios

Nadie ha comentado nada de momento.

Comentarios están cerrados.

© Copyright . Todos los derechos reservados.