stoy un poco preocupada, diario, a Rodolfo se lo han llevado al veterinario. Se ve que el pobre andaba un poco cojo de una pata, por algo de un salto que dio en su jardín persiguiendo a una urraca. Y así llevaba un par de días, sin poder apoyar esa pata, hasta que esta mañana su dueño acudió con él al veterinario. Voy saliendo cada dos por tres al jardín para comprobar cuándo llega, pero de momento no han aparecido…
Ayer me comentaba lo tonto que había sido por dejarse llevar por el instinto y acudir a perseguir a aquel pájaro que, según él ya sabía, sería imposible de atrapar por mucho que corriese y saltase. Pero claro, todos los perros tenemos ese noséqué que nos obliga a hacer las cosas que, seguramente, no haríamos si nos decidiéramos a pensarlas un poco, y cuando lo hacemos es, evidentemente, demasiado tarde. La persecución de otros animales, el arrastrar el trasero por el suelo cuando nos pica, marcar nuestro jardín cuando es imposible que entre ningún otro perro, ladrar a cada ruido que escuchamos fuera de casa…
En fin, espero que Rodolfo se encuentre bien y pronto regrese a su casa. Seguro que el instinto seguirá intacto en él, igual que en todos, aunque la pata puede que le haga pensar un poco más la próxima vez. Al menos yo lo haría. ¿O no?

ué fiesta, diario, qué fiesta! Ayer lo pasamos genial celebrando el cumpleaños de mi dueño bebé, como ya te dije vinieron muchos de los amigos y familiares de mis dueños. Además de Rodolfo, con el que compartí toda una tarde de celebración. Imagina, al final acabamos los dos juntos en el jardín, con Orión y la gata Alfredo, compartiendo una amigable conversación, algo de merienda y, como no, unos cuantos lametones, que supieron más dulces que toda una caja de galletas de perro…
e respira la emoción en casa, diario, hoy hay fiesta de cumpleaños. Y no de Orión ni mía, que ya sabes que nosotros no celebramos los años como lo hacen los humanos, sino de nuestro dueño bebé, que justamente hoy es su aniversario. ¿Te lo puedes creer? Parece que fue ayer cuando nos despertaba a berridos porque tenía hambre, y ahora es capaz hasta de balbucear alguna palabra. Cómo pasa el tiempo…
o sabes cómo son de frías las mañanas últimamente, diario, se te quedan tiesos hasta los pelos de debajo de la cola. Incluso aunque la lleves entre las patas, imagina. Y si hablamos de patas… tengo que contarte lo que nos ha pasado esta mañana a la hora del paseo. ¡Nos hemos caído los tres al suelo! Sí, diario, Orión, mi dueño y yo. Como si fuéramos unos Caniches ensayando un número de circo…
or fin han pasado todos los ajetreos, diario, la casa ha vuelto completamente a la normalidad. Los habituales paseos matutinos a la hora de siempre, mis dueños, Orión y yo como únicos inquilinos de nuestra casa, los adornos volvieron a la misma caja en la que estaban guardados, procediendo a ocupar su polvoriento hueco en el desván, Rodolfo y yo nos vemos todas las tardes, igual que antes de las Navidades… Aunque eso sí: se han acabado las interminables horas a la mesa desde la que siempre se caía algo de comer…


